El siguiente resumen de la historia de Abanilla ha sido realizado por:
Ginés Rocamora Vives.
INDICE:
|
El yacimiento paleontológico de la Sierra de Quibas
|
|
|
En la sierra de Quibas (968 m), situada al Norte del término municipal
de Abanilla, unos excursionistas en 1994 encontraron en una cantera abandonada
una serie de huesos y dientes fósiles no humanos. Ese yacimiento, que ha sido
recientemente declarado Bien de Interés Cultural, está siendo excavado hoy
por un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia.
|
|
|
|
Los restos fósiles encontrados datan del pleistoceno inferior, por lo
tanto, tienen una antigüedad de entre 1,3 y 1 millón de años; y corresponden
a 60 especies animales diferentes entre los que hay aves (codornices, palomas,
mochuelos, quebrantahuesos, jilgueros), reptiles (tortugas, serpientes,
lagartijas), mamíferos (conejos, caballos, cabras, roedores), insectos,
anfibios y moluscos gasterópodos.
|
Pero lo más relevante del yacimiento es la presencia de entre los
fósiles de los mamíferos del primate Macaca sylvanus, un mono africano
ligado siempre a la presencia del hombre, lo que hace pensar en la
posibilidad de encontrar restos humanos en un futuro. El hallazgo de
dos maxilares de este primate convierte el yacimiento de Quibas en el
más importante de Europa en lo que a restos de esta especia simia se
refiere.
|
La Edad de Bronce y La Cultura del Algar
|
|
Dada su localización geográfica es de suponer que las tierras de
Abanilla recibieron las mismas oleadas culturales prehistóricas que el
resto del Sureste español pero los hallazgos han sido pocos y la información
que poseemos es escasa.
Los vestigios arqueológicos más antiguos encontrados en nuestro municipio
datan de los años 2.300 a 2.000 a. de C. y corresponden al Bronce I. De esta
época data un hacha de diorita que el doctor José Riquelme Salar, autor de la
Historia de Abanilla, encontró en La Umbría
|
|
A la Cultura del Algar (años 1.700 a 1.200 a. De C.) corresponden varios
molinos barquiformes y fragmentos de hachas pulimentadas en porfidio y
diorita encontrados en el paraje de El Morterico, cerca del Lugar Alto,
en las inmediaciones de Abanilla. La Cultura del Algar fue importante ya
que trajo a nuestras tierras los usos agrícolas; la ganadería, el trabajo
del esparto, que tan importante habría de ser en nuestro municipio; y la
metalurgia.
|
|
La presencia de los Iberos en Abanilla
|
|
|
Los iberos fueron los pueblos que desde el siglo V a. de C. habitaron
principalmente las zonas E y S de la Península Ibérica. La base de su
economía fue la agricultura de cereales, vid y olivo (los tres cultivos
típicamente mediterráneos); la ganadería; la pesca; y la artesanía
(alfarería, metalurgia, etc.). Sus poblados solían estar rodeados de
fortificaciones y se situaban en cerros cercanos al agua.
|
|
|
|
En Abanilla los restos ibéricos más importantes se han localizado
en los parajes de Mafraque; en el Cabecico del Tenoro, en la Parra; en el
Azud del Partidor; y en el Lugar Alto. En Mafraque se han encontrado
abundantes fragmentos de cerámica común y otros pertenecientes a
recipientes pintados de estilo geométrico, con bandos y semicírculos;
en el Azud del Partidor también se han hallado abundantes fragmentos de
cerámica común, además, de cerámicas pintadas con motivos geométricos y
cerámicas grises; y en el Lugar Alto se han recogido fragmentos de
cerámica de estilo geométrico y algunos trazos de "pilum", especie de
jabalina de hierro.
|
|
La ocupación romana de Abanilla
|
|
Abanilla, bajo la dominación romana, depende administrativamente
de las provincias Citerior (hasta el año 27 a. de C.); Tarraconense
(hasta el 286 a. de C.) y la Carthaginense (hasta la reorganización
visigoda).
Los vestigios romanos más importantes en nuestro municipio se han
localizado en el emplazamiento de los Castillejos, en el paraje del Llano
de Sahués, donde se levantó una "villa rústica". De los elementos
arquitectónicos destacan algunos fragmentos de fuste de columna, numerosos
sillares de grandes proporciones, una basa ática de doble toro, y varias
piedras hemiesféricas utilizadas para triturar aceitunas. De las
estructuras de la "villa rústica" se distinguen un pavimento de opus
signinum y restos de rudus en el camino de acceso. También se han
encontrado ladrillos, tégulas, imbrices y algún fragmento de mármol.
Respecto al material cerámico destacan varias vasijas de almacenamiento,
ánforas y dollias. En el Museo Arqueológico de Murcia se conservan
diferentes elementos provenientes de esta villa, entre ellos, varias
monedas de la época de Claudio y Trajano, y un sello con la
inscripción "BACHUS".
|
Otros restos de la época romana se han localizado en el lugar
llamado "los Calderones", cerca de Abanilla, donde apareció un
enterramiento femenino con pendientes de oro y el cuerpo protegido
por tejas planas en tejadillo a doble vertiente. Por último, en el
paraje de El Jarea se han encontrado restos de una canalización romana
y un molino circular.
|
|
Los musulmanes llegaron a la Península Ibérica en el año 711 y
permanecieron aquí hasta 1492 cuando los Reyes Católicos desmantelaron
el último reducto musulmán de Granada. En nuestra Región la dominación
árabe duró cinco siglos.
|
|
Durante la época árabe, Abanilla dependió de Orihuela como una parte
integrante de la Cora de Tudmir (el conde visigodo Teodomiro, hacia el
año 713, firmó con Abdelaziz un pacto de sumisión convirtiéndose así en
el administrador de un amplio territorio). Un tiempo después, este
territorio sería anexionado al Califato. La llegada de los almohades
en el siglo XII continúa vinculando las dos poblaciones, Orihuela y A
banilla; una relación que en el futuro generó problemas y enfrentamientos.
|
Durante la dominación árabe, Abanilla era conocida por sus labores
artesanales de tapices y tapetes que se exportaban al Oriente Islámico.
Además, producía en cantidad azafrán, lino, cereales, almendras, pasas,
albaricoques y peretas (las dos últimas, importadas de Damasco) y también
aceite, higos, dátiles y cereales. La miel de Abanilla era famosa por su
aroma y sabor.
Los restos arqueológicos de origen árabe más importantes de nuestro
municipio corresponden al Castillo, en el Lugar Alto, localizándose
especialmente en la zona alta y en la ladera Sureste. Aquí se conservan
lienzos de muralla de tapia y un torreón. El material arqueológico está
formado por fragmentos cerámicos de marmita, tinajas y jarras.
|
Restos de la Alcazaba de Abanilla
|
El Lugar Alto fue, en la época árabe, el cerro en el que se levantó
la Alcazaba, un recinto fortificado incluido en el perímetro de la muralla
que envolvía el pueblo. En este espacio cerrado destacaba una mansión
central, la residencia del valí. La Alcazaba se concebía así como una
fortaleza dentro de otra fortaleza.
Todo este recinto amurallado tenía una sola puerta de entrada que
estaría situada frente al actual cuartel de la Guardia Civil. Sobre
la puerta había una cámara llamada de la Torre donde se reunía la
Aljama, consejo formado por aquellas personas que tenían autoridad y
representación para tratar asuntos relacionados con la sociedad. Otra
de las construcciones aquí levantadas era la Mezquita. Situada en la
actual calle de San Benito, detrás se hallaba el cementerio.
Desde el Castillo de Abanilla se podía ver el Castillo de Santa Ana,
hacia el Oeste; el Morterico, hacia el Este; y los Castillejos de Barinas,
hacia el Norte: todos ellos construcciones de la época árabe. Del Castillo
de Santa Ana el material arqueológico es muy escaso, tan solo algunos
fragmentos de tinajas; por el contrario, las estructuras son abundantes
y se han identificado un total de doce. Todas ellas tienen una cimentación
de mampostería y alzados de tapia, fabricada con motero de cal, arena y
piedra. Destaca por su grado de conservación un aljibe de 7 metros de
longitud y 12,70 de anchura fabricado con mampostería trabada con yeso.
Otras estructuras corresponden a torreones. Respecto al yacimiento de los
Castillejos de Barinas, el material arqueológico es escaso predominando las
cerámicas fabricadas a mano y a torno lento, tinajas con decoración plástica
y jarritas pintadas al manganeso.
|
La Reconquista - La familia de los Rocafull
|
|
Escudo de la Familia Rocafull
|
|
El año 1243 las tropas de Alfonso X el Sabio entraron en Murcia
quedando tanto la capital como los castillos de la Región sometidos al
Rey castellano. Dos décadas después se produjo la sublevación mudéjar y
fue necesaria la intervención de Jaime I de Aragón, suegro de Alfonso X.
Abanilla fue entonces cedida por el Conquistador a Guillén de Rocafull,
uno de los principales caballeros aragoneses que intervinieron en la
reconquista del Reino de Murcia.
Se iniciaba así la relación de los Rocafull con Abanilla, si bien en
principio sería efímera ya que Alfonso X concedió la población y su fortaleza
a la Orden de Santiago. Las protestas enérgicas de Ramón de Rocafull, hijo
de Guillén, hizo que Alfonso X anulase la concesión a la Orden y reintegrase
la posesión a Rocafull en 1281. Comenzaba, de esta forma, el dominio efectivo
de la familia sobre Abanilla y también la lucha por sacudirse la dependencia
respecto a Orihuela. A lo largo del siglo XIV el señorío fluctúa entre las
jurisdicciones aragonesas y castellanas.
En 1314 tuvo lugar un enfrentamiento, al parecer serio, entre Juan Manuel,
Adelantado Mayor del Reino de Murcia y el señor de Abanilla. El Adelantado
era un Oficial público que gobernaba, como delegado y vicario del monarca,
un vasto distrito denominado adelantamiento y su misión más importante era
mantener la paz pública.
En 1318 Guillén de Rocafull donó su señorío a la Orden de Calatrava aunque
esa donación no se hizo realidad en ese momento. El señorío de los Rocafull
se fue después transmitiendo por herencia hasta que en 1433 Don Rodrigo de
Avellaneda y Rocafull vendió el señorío al jurista Don Diego González de
Toledo quien en 1434 lo cambió a la Orden de Calatrava por otras posesiones.
Terminaba así la relación de los Rocafull con Abanilla.
|
La Reconquista - La Orden de Calatrava
|
|
Esta orden militar nace tras la defensa de la villa del mismo nombre
que llevó a cabo el monje cisterciense Raimundo de Fitero y Diego Velásquez.
El rey Sancho III concedió a fray Raimundo el señorío de la villa y en 1614
el papa Alejandro III aprobó la Orden cuya sede se encontraría en la villa
de Almagro, en Ciudad Real.
Cruz de Calatrava
en la fachada de la Iglesia de San José
|
La Orden de Calatrava llegó a ser una de las órdenes militares más
importantes. Su establecimiento en tierras del Reino de Murcia se produjo
en la Baja Edad Media, concretamente en 1434, cuando, como ya queda dicho,
adquiere el lugar de Abanilla a Don Diego González de Toledo; aunque la
ocupación no sería efectiva hasta 1462, cuando las buenas relaciones entre
Enrique IV y el maestre Pedro Girón facilitaron la ocupación.
La Orden de Calatrava ocuparía Abanilla desde 1462 hasta 1879 (finales
del siglo XIX) y, en todo ese tiempo, los comendadores de la Orden coartarían
las libertades y privilegios que Abanilla tenía como Villa desde que los
Reyes Católicos elevaran en 1501 su rango de Aldea a Villa desapareciendo,
con ello, la Aljama y constituyéndose el Consejo.
|
Abanilla en los siglos XVI y XVII
|
|
A lo largo de los siglos XVI XVII los enfrentamientos entre los
comendadores de la Orden y los vecinos de Abanilla, que pretendían defender
sus derechos cívicos, van a ser frecuentes. Los comendadores eran los
miembros de la orden titulares de una encomienda de castillo o lugar y
tenían derecho a percibir las rentas que produjese.
El hecho más grave ocurrido en Abanilla coincidió en el tiempo con las
revoluciones de las Comunidades y Germanías, un movimiento popular que tuvo
lugar entre los años 1519 y 1522 en Castilla y Valencia y que fue causado
por la carestía de la vida, el aumento de impuestos y el monopolio
aristocrático de los cargos municipales. En Abanilla se produjo por
entonces un levantamiento contra el comendador de la orden Diego García
de Padilla que se vio obligado a buscar refugio en el castillo. El abuso
de poder y la concentración de la propiedad, entre otras, aparecen como
causas de esa rebelión.
En el siglo XVII el decreto de Felipe III de expulsión de los
moriscos de 1609 (en Abanilla vivían por entonces más moriscos que en
ningún otro municipio de Murcia) y una epidemia de peste a mediados de
la centuria van a reducir considerablemente el número de vecinos. Estas
circunstancias y las demandas de la Orden frenarán, una vez más, el
desarrollo económico y social de Abanilla.
|
Abanilla en el siglo XVIII
|
|
|
En el siglo XVIII los pleitos con la Orden de Calatrava continúan, pero
ahora se suma a la lucha el Obispo de Cartagena, Luis Belluga, que intenta
defender su jurisdicción eclesiástica.
|
|
|
|
A lo largo de esta centuria, la villa de Abanilla gozará de cierta
prosperidad económica: se impulsa la ganadería, hay mejoras en el regadío
y aumenta la industria del capacho. Todo ello se reflejará en un incremento
del comercio y de la exportación de sus productos, en el auge de su Concejo
y en las nuevas construcciones que se levantan en el casco urbano, tanto
oficiales como privadas.
|
La población de la villa también aumentará de forma importante en el
transcurso del siglo pasando de 1.500 habitantes en el año de 1713 a algo
más de 4.000 en 1797.
En este siglo, Abanilla sufre, a causa de sequías y años calamitosos,
un cierto retroceso o estancamiento en su economía y una disminución de su
población.
|
|
Nuestro municipio, como el resto del país, vivirá la guerra de
Independencia, la lucha entre liberales y absolutistas y la creación de
los ayuntamientos constitucionales. Será también a lo largo de esta
centuria cuando la villa se independice por fin de la Orden de Calatrava
y se integre en la jurisdicción eclesiástica de la Diócesis de Cartagena.
Abanilla pasaba así a ser una villa más con los mismos derechos y
obligaciones que cualquier otra villa de señorío real.
|
Pascual Madoz, político liberal que llegó a ser ministro de Hacienda
en 1855 y promotor de la desamortización, en su Diccionario
Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar,
editado en el año 1850, dice de Abanilla que la agricultura y la ganadería
son las principales ocupaciones de sus vecinos y que el carboneo y la
fabricación de esparto generan también riqueza. Respecto a la población,
Madoz nos dice que el término municipal contaba en esta fecha con 1.104
vecinos de los que el 82,06% vivían en la villa, el núcleo más importante
de población. En su obra, Madoz también hace referencia, entre otras, a la
iglesia Parroquial de San José, a las "casas consistoriales", al lavadero, a
las tres escuelas de instrucción primaria y a las siete ermitas, de las cuales
las más importantes eran las de Santa Ana, San Ildefonso y San Sebastián.
|
Jaime Alfonso El Barbudo y Domingo Forcadell
|
|
Abanilla fue durante el primer cuarto del siglo XIX el escenario de
las correrías del famoso bandolero Jaime Alfonso, apodado El Barbudo.
Nacido en la cercana localidad de Crevillente en el año de 1783 y de
condición humilde; se dedica a una edad temprana a la agricultura y
ganadería. En 1806 mata en defensa propia a un hombre y tras escapar de
la cárcel se refugia en la banda de los Mojica. Durante la guerra de la
Independencia (1808-1814) Jaime combate a los franceses por tierras
murcianas. Terminada la guerra Jaime vuelve a su casa pero pronto comete
nuevas tropelías. Tras la proclamación de la Constitución de 1820, Jaime
se declara enemigo de los liberales y, con la proclamación como rey
absoluto de Fernando VII, el bandolero se convierte en un verdadero
héroe. Pero una vez más, volvería cometer nuevos excesos hasta que fue
detenido. El 5 de julio de 1824 murió ahorcado en la plaza de Santo Domingo
de Murcia, su cuerpo fue descuartizado y sus restos repartidos en tres
jaulas de hierro que fueron llevadas a las poblaciones de Fortuna,
Jumilla y Abanilla (en nuestro pueblo los restos de Jaime Alfonso fueron
expuestos en el Rollo).
Años después, y precisamente en el Rollo, fueron fusilados cinco
liberales (Blas Carlos, Mariano Manresa, José Campillo, José Izquierdo y
Juan de Dios Almela) por las tropas del coronel carlista Domingo Forcadell,
lugarteniente del General Cabrera apodado el Tigre de Maestrazgo, que ocupó
Abanilla el día 28 de marzo de 1837 cuando se dirigía a Orihuela a combatir
a los realistas. Los cadáveres fueron enterrados en el cementerio del
Batalax pero unos años después, en 1839, los restos de los cinco liberales,
considerados mártires del carlismo, fueron exhumados y trasladados a Murcia
donde recibieron sepultura en el cementerio de la Puerta de Orihuela.
Estos luctuosos hechos se produjeron en los años 1837 a 1839, por lo
tanto, corresponden a la primera de las tres guerras carlistas habidas
en España en el transcurso del siglo XIX. El origen de estas guerras se
remonta al año 1830 cuando Fernando VIII el Deseado dispone la Pragmática
Sanción que permitía que su hija Isabel heredase la Corona quedando excluido,
de la línea sucesora el hermano de Fernando, el príncipe Carlos, iniciándose
así un conflicto que llevaría a España a la larga guerra civil, desarrollada
en tres fases y que se conoce como las guerras carlistas.
Durante mucho tiempo la manufactura del esparto ha permitido en
Abanilla la subsistencia a una buena parte del vecindario. Muchas han
sido las mujeres que han trabajado en la confección de capachos, cuyo
destino principal eran las almazaras y las fábricas de aceite. Según los
datos disponibles, en nuestro pueblo llegaron a elaborarse hasta 60.000
cofines y en los 22 talleres que existían trabajaron a destajo 1.500
mujeres, unas auténticas "maestras del capacho". Los hombres, mientras tanto,
se ocupaban de recoger el esparto en el monte ayudándose del palillo y
arrancando las hojas de las atochas con fuertes tirones.
A principios de los años treinta del pasado siglo se fundó en Abanilla
una cooperativa capachera que acabó siendo trascendental para los intereses
económicos de nuestro pueblo y un modelo de autogestión. Según nos cuenta el
doctor José Riquelme Salar, el primer Presidente de la Cooperativa fue D.
Fidelio Castro, funcionario de telégrafos, que además fue líder del partido
socialista y fundador también de la Casa del Pueblo. Toda esta obra al
finalizar la guerra civil fue "incautada" por la administración de Franco.
Unas décadas después, en los años sesenta, empezó a utilizarse en las
almazaras y fábricas de aceite la fibra sintética lo que contribuyó a la
caída de la industria del esparto y a su práctica desaparición.
|